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Mostrando las entradas etiquetadas como maternidades

Nadie se cuida solo

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He leído esta semana que un estudio publicado en la prestigiosa The Lancet afirma que los permisos de baja por maternidad/paternidad protegen frente a síntomas depresivos, estrés psicológico o agotamiento (en especial a las madres) y que posibilitan un mayor bienestar mental en general.  Guau. Qué sorpresa. Me impresiona cómo vivimos en un tiempo en que sólo aquello que pasa por un procedimiento científico financiado por una universidad de nombre extranjero merece crédito. Como si no supiéramos, y no lo hayan sabido otras y otros mucho antes que nosotros y nuestros laboratorios de postín, que nadie se cuida solo y que las madres y los padres necesitan recursos y tiempo de calidad para criar, de la misma manera que los ancianos dependientes y mayoritariamente solos necesitan espacios y atenciones específicas (sean profesionales o no). Y la lista sigue, claro. No es amor. O no solo. Son recursos económicos. Es tiempo. Son Estados que atienden y protegen. Es política.  Me acuerd...

Celebrar a Annie Ernaux como algo propio

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  Después de que me quitaran los puntos de la boca, mientras caminaba por La Recoleta en dirección a Retiro leí en mi móvil que a Annie Ernaux le habían concedido el Nobel de Literatura. Eran las 8.30 de la mañana. Era la esquina de Santa Fe y Callao. Le mandé un audio a mi pareja: Ya me han quitado los puntos. Todo bien. Estoy volviendo a casa. Voy en tren. Le han dado el Nobel a una escritora que me gusta mucho. Estoy muy contenta. Después te cuento.    Hay noticias que no nos cambian la vida pero nos alegran el día y nos llenan de argumentos. Lo apunté en mi diario.  Fotografía de Ulf Andersen / Getty  Esa noche volví a leer El acontecimiento , el libro que escribió la autora francesa sobre el aborto clandestino que se practicó cuando era una estudiante con poco más de 20 años. Subrayé esto: Establecía confusamente un vínculo entre mi clase social de origen y lo que me estaba ocurriendo. Yo era la primera persona de mi familia que estudiaba una carre...

Las madres contradictorias

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Me hicieron una operación dental y tuve que estar dos días en reposo así que fui una madre en el banquillo. No jugué, no hice aúpa, no fui al parque. La primera tarde, horas después de la intervención, me quedé en casa sola, tirada en el sofá viendo una serie. Si no hubiera sido por el dolor, la cara inflamada y el antibiótico, esa escena podría haber sido un festival. Pero no.  Vi The Newsreader . Una serie que cuenta los conflictos, la competitividad y toda la adrenalina que cabe en un informativo de éxito en la televisión. Es Australia y son los 80. No es el tema pero también aquí ( como en todos lados, ya lo dije en el primer post ) hay madres, claro. Sobre todo, una. Esa madre es la madre abnegada del protagonista, el joven periodista, tímido y obediente, que quiere alcanzar el éxito. La madre que le llena la nevera de tuppers , que lo ve religiosamente cada tarde para decirle lo bien que lo ha hecho. La madre amorosa que planea todo el tiempo sobre él en un control sibilino ...

El día de la marmota

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Escribí en este blog que ser madre es entregar el tiempo . Días después, mientras caminaba por el barrio vi algo distinto  y cambié de opinión.  Ser madre es abandonar las certezas.  Mi hija (como todos lxs niñxs) no entiende el ya, el ahora, la prisa, el se acabó. Hemos aprendido a manejar el tiempo con otras propuestas: “vamos a comer cuando se termine esta canción”; “dos veces más en el tobogán y volvemos a casa”; cosas así; parámetros que resuelven siempre que mis neuronas encuentren recursos y algo de imaginación. La vida, con los niñxs, no es una sucesión acelerada de acciones que se superponen en una carrera demencial y productivista. La vida es más de procesos y mucho de repeticiones que enseñan.  Volvimos a ver “ El día de la marmota ”, la maravillosa comedia protagonizada por Bill Murray y Andie Macdowell que siempre que la veo es una de las mejores películas que he visto y siempre es aún mejor que la última vez que la vi. Me reí como siempre y pensé que...

Las madres también lloran

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Se murió su madre. De repente. En realidad la muerte siempre es inesperada, aunque se anuncie.  Ahora era una hija huérfana y una madre con pequñxs. Me contó que lloraba a escondidas para que no la vieran sus hijxs. Le dije, llora. Llora mucho. Llora con todas las ganas. Llora hasta dormirte, si quieres. Si puedes. Le dije que estuviera triste. Que se sentara con sus hijxs a la hora de la merienda y les dijera, estoy muy triste. Voy a estar triste. Por eso lloro. Voy a llorar mucho. Muchas veces. Vosotros también podéis llorar. También podéis estar tristes.  Me dijo que le decían que tenía que ser fuerte. Fuerte para qué, pienso. Qué es ser fuerte. Para quién.  Una madre que llora es una madre de verdad. Es una madre que estará feliz otra vez.  Me encontré una foto con un texto de un libro que era muy difícil de conseguir (acabo de descubrir que Anagrama ha comprado los derechos y lo edita en su colección Compactos) . La foto la compartió @noeolbes en su cuenta de I...

El tiempo de las madres

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Hace unos días volvió el frío de nuevo. Qué suerte. Me asusta cuando la primavera amenaza en mitad del invierno. Me gusta el frío, me gustan los días cortos, me gustan los cielos grises. Me gustan las chaquetas de lana y las manos heladas y rígidas sobre una taza caliente. Me gusta dormir tapada. Me gusta que las estaciones sean en todo su esplendor. Que se explayen.  El calor me obstruye. El calor inesperado me irrita. Me desconcierta.  Cuando hace frío cocino sopa para cenar. Con caldo casero. Con pimentón de la Vera que me traigo desde el otro lado del Atlántico. Cuando cocino sopa es como estar con mi madre. Mi casa huele a su cocina. La sopa sabe un poco a la vida de siempre. A los domingos bajo cero con sopas de ajo en tazón de barro para entonar el cuerpo aterido. Me pregunto cuál será esa cosa que Sofía, alguna vez, asociará conmigo. Dónde me encontrará aunque esté lejos.  En el newsletter “Mil lianas” del 12 de agosto Agustina Larrea menciona el documental...

En ocasiones veo madres

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Shirley Jackson se definía como una escritora que, por una serie de errores de juicio propios de la ingenuidad y la ignorancia, se ve sumida en una familia con cuatro hijos y un marido, en una casa de 18 habitaciones, sin ninguna ayuda . Leo esto en un artículo titulado ¿La escritura o los hijos? (Suplemento Ideas-El País, 3 de mayo de 2019). Hay referencias a otras escritoras (siempre mujeres, siempre madres, claro) y aunque me interesan otras me queda grabada la historia de Shirley Jackson . Una escritora a la que he descubierto hace poco. Me quedo con que su tedioso universo doméstico pasa a ser inspiración para su literatura. Shirley me ayuda a entender (más) el género de terror.  Leí esto hace unos meses. Lo tengo guardado. Lo releo. Escribir y ser madre no me parecen compaginables casi nunca. Vuelvo a este texto. Leo a Shirley. Digo, guau. Digo, se puede. Pienso, cómo. Leo más.  Hace un par de semanas vimos en casa la película  Shirley , (Josephine Decker, 2020). ...